Entre Actos (BIBLIOTECA VIRGINIA WOOLF)

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Best British Literature books

Time of the Angels

This can be a haunting novel o macabre entanglements and satanic passions.

A Word Child

After years of obscurity in a Bayswater flat, Oxford graduate Hilary Burde ha the chance to make amends for a grievous offense which he devoted twenty ye past.

The Book and the Brotherhood: A Story about Love and Friendship and Marxism (Penguin Fiction)

A narrative approximately love and friendship and MarxismMany years in the past Gerard Hernshaw and his neighbors “commissioned” one in all their quantity to put in writing a political booklet. Time passes and reviews switch. “Why may still we pass on assisting a publication which we loathe? ” Rose Curtland asks. “The brotherhood of Western intellectuals as opposed to the booklet of history,” Jenkin Riderhood indicates.

The Faerie Queene

‘Great woman of the best Isle, whose lightLike Phoebus lampe through the global doth shine’The Faerie Queene used to be the most influential poems within the English language. Dedicating his paintings to Elizabeth I, Spenser brilliantly united Arthurian romance and Italian renaissance epic to have fun the respect of the Virgin Queen.

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El de mi madre. Agrietado. �Qué pretende? �Tendrán esos objetos, dotados de brillo, los angeles finalidad de reflejarnos, probablemente, a… nosotros? �Nosotros! �Nosotros! Saltaban, se estremecían, giraban. Destellando, deslumbrado, bailando, botando. Ahora el anciano Bart… se reflejaba en uno de los espejos. Ahora, l. a. señora Manresa. Aquí una nariz… Allá una falda… Luego, solo pantalones… Después, quizá una cara… �Nosotros? Es una crueldad. Reflejarnos tal como somos, antes de haber tenido tiempo de adoptar… Y, para colmo, solo a trozos… Esto es lo que más deforma e irrita, y, además, es injusto a más no poder. Levantándose, bajando, de frente y al sesgo, los espejos brillaban, destellaban y denunciaban. Los espectadores de las últimas filas se pusieron en pie para contemplar mejor el truco. Cuando se vieron reflejados se volvieron a sentar. �Qué horroroso espectáculo! Incluso para los ancianos a quienes, cabe suponer, el aspecto que pueda tener su propia cara les importa un pimiento… Y oh, Dios, �qué tintineo, qué alboroto! Participaron muchas vacas. Entre golpes y sacudidas de cola, los angeles reticencia de los angeles naturaleza se desató y las barreras que deben separar al hombre de l. a. bestia se derribaron. Luego se sumaron los perros. Excitados por l. a. jarana, corriendo llegaron curiosos. �Miradlos! �Y el afgano! �También el afgano! �Miradlo! Y entonces, una vez más, en el rugido que, en esos momentos, había rebasado todos los límites, contemplemos cómo l. a. señorita Nosecuántos hace salir de entre las matas —o quizá salieron por propia decisión— a l. a. reina Bess; l. a. reina Ana; l. a. muchacha de l. a. alameda; l. a. Edad de los angeles Razón; y a Bugde, el policía. Y ahí desaparecieron. Y los peregrinos. Y los enamorados. Y el reloj del abuelo. Y el anciano barbudo. Salieron todos. Más aún, todos ellos recitaban alguna frase o algún fragmento de sus respectivos papeles… No estoy (decía uno) en mi sano juicio… Otro: l. a. Razón yo soy… �Y yo? Yo soy el sombrero de copa… Al hogar llega el cazador, del monte procedente… �Hogar? Donde el minero suda y los angeles fe de los angeles doncella es objeto de ruda burla… Dulce y templado, dulce y templado, viento del mar de Occidente… �Es una daga lo que ante mí veo? … l. a. lechuza ulula y los angeles hiedra golpea el vidrio de los angeles ventana… Señora, os amo hasta morir, abandonad vuestra alcoba y venid… Donde el gusano teje su ondulada tela… Quisiera ser mariposa. Quisiera ser mariposa… En tu voluntad está nuestra paz… Papá, coge el libro y lee en voz alta… Ladran los perros y los mendigos… El espejo de cuerpo entero pesaba demasiado. El joven Bonthorp, pese a su musculatura, no podía sostener más tiempo el maldito trasto. Se detuvo. Y lo mismo hicieron todos los demás —espejos de mano, latas, vajillas de vidrio, espejos de tocador, pesados espejos con marco de plata repujada—, todos se detuvieron. Y el público se vio, no de cuerpo entero, desde luego, pero, por lo menos, sentado y quieto. Las saetas del reloj se habían detenido en el momento presente. period ahora. Nosotros. �Este period el juego que se llevaba entre manos los angeles señorita los angeles Trobe!

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