La tabla periódica: La curiosa historia de los elementos

By Hugh Aldersey-Williams

Bienvenido a un deslumbrante viaje a través de l. a. historia, l. a. literatura, los angeles ciencia y el arte. Se topará con el hierro que llueve del cielo y los gases que iluminan el camino al vicio. Descubrirá cómo el plomo puede predecir su futuro, o cómo el zinc cubrirá su féretro; qué tienen en común sus huesos conla CasaBlancao el brillo de las farolas con l. a. sal de cocina.

Desde las civilizaciones antiguas a l. a. cultura contemporánea, desde el oxígeno de l. a. publicidad hasta el fósforo de los angeles orina, los elementos están tan cerca como lejos de nosotros mismos. Periodic stories desentraña sus secretos y nos demuestra que sus historias, las de los elementos, son también las nuestras.

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A riveting account of why technology on my own can’t cease the following pandemic

Outbreaks of avian and swine flu have reawakened fears that had lain dormant for almost a century, ever because the influenza pandemic of 1918 that killed at the least 50 million humans world wide. while a hugely deadly pressure of avian flu broke out in Asia lately and raced westward, the Washington Post’s Alan Sipress chased the rising chance because it infiltrated distant jungle villages, mountain redoubts, and teeming towns. He tracked the virus throughout 9 nations, gazing its secrets and techniques time and again elude the world’s brightest scientists and so much intrepid illness hunters. Savage and mercurial, this novel influenza strain—H5N1—has been known as the kissing cousin of the Spanish flu and, with quite a few genetic tweaks, may possibly kill thousands of individuals. None people is immune.

The deadly pressure is a fast-moving account that weaves cultural, political, and clinical strands right into a story of inevitable epidemic. In his vibrant portrayal of the fight among guy and microbe, Sipress chronicles the accelerating variety of close to misses and explores the tough dynamic that has frequently made Asia the fountainhead of killer flu traces. much more than smooth medication, it really is poultry smugglers, combating cock breeders, and witch medical professionals who may possibly be sure the evolution of this viral threat by way of permitting it to reproduce and rushing it on its way.

The ease of overseas shuttle and the fragile stability of today’s worldwide financial system have left the area prone to pandemic in a manner the sufferers of 1918 may well by no means think. however it is human failings which may pose the best peril. Political bosses in state after kingdom have coated up outbreaks. historical customs, like buying and selling in stay chicken and the ritual unencumber of birds to earn spiritual benefit, have did not adapt to the microbial hazard. The world’s prosperous nations have left poorer, frontline nations with no reasonable vaccines or different guns for confronting the disorder, fostering a feeling of complaint that endangers us all.

The chilling fact is that we don’t have command over the H5N1 virus. It keeps to unfold, thwarting efforts to uproot it. And because it does, the viral cube proceed to roll, threatening to supply a plague pressure that's either lethal and will unfold as simply because the universal chilly. Swine flu has reminded us that flu epidemics occur. Sipress reminds us whatever some distance worse will be brewing.

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El Dorado nunca fue un lugar; siempre fue una suggestion. Lo que estos episodios recurrentes tienen en común, aparte de los angeles codicia y l. a. felonía europeas, es los angeles presunción de que todas las partes están de acuerdo en que el oro es l. a. sustancia más valiosa conocida por el hombre. Esto no period en absoluto así. Los aztecas, los incas y otros pueblos indígenas del Nuevo Mundo realizaban ofrendas de oro a los dioses, pero no usaban el steel como moneda, de manera que tenía poco valor negociable, y en algunos casos otros metales eran más deseables incluso para fines religiosos. Los taínos, que vivían en l. a. Española, Cuba y Puerto Rico, por ejemplo, asignaban papeles distintos al oro y los angeles plata, y también a una gama de aleaciones de colour. Estos nativos, que Colón y sus seguidores trataron como esclavos, encontraron a un amigo en Fray Bartolomé de las Casas, el primer sacerdote cristiano que fue ordenado en el Nuevo Mundo. De las Casas fue autor de una historia de las Indias, fundador de comunidades utópicas y creyente en l. a. teología de l. a. liberación, que consideraba a Cortés un aventurero vulgar. Observó las costumbres de los taínos y encontró que no apreciaban el oro por su peso o colour, ni lo consideraban tan manifiestamente valioso como hacían los españoles. Los taínos daban más importancia al guanín, una amalgama de cobre, plata y oro. Lo que les gustaba de éste period su colour rojizo-purpúreo y sobre todo su olor specific, que probablemente procedía de una reacción entre el cobre y l. a. grasa de l. a. manipulación humana. El oro puro, en cambio, period de colour amarillo-blanco, carecía de olor y no period atractivo. Tanto el oro como el guanín se asociaban al poder, los angeles autoridad y el mundo sobrenatural, pero el guanín tenía una carga simbólica mayor. A diferencia del oro, que se encontraba nativo, el guanín tenía que fundirse. Esto hacía que los angeles aleación fuera todavía más preciosa, especialmente porque en l. a. Española no se disponía de l. a. tecnología, que tenía que importarse de Colombia, lo que hacía que pareciera provenir de otro mundo. El oro podía extraerse de los lechos de los ríos, pero parecía que el guanín sólo podía producirse en el cielo. El latón, una aleación del Viejo Mundo completamente desconocida para las sociedades precolombinas, tenía las mismas cualidades atractivas que el guanín. Aportado por los españoles, también se consideraba que procedía de los remotos cielos y se le dio un nombre neighborhood que igualaba su brillo al cielo soleado. �En qué medida apreció el oro su valor con cada milla náutica de su viaje en dirección al este, hacia España? �Y cuánto ganó el humilde latón en su navegación hacia el oeste? l. a. imagen de buques españoles transportando los dos metales amarillos en las dos direcciones a través del Atlántico, sin ningún otro objetivo que alimentar los gustos por el lujo de dos sociedades que no se comprendían l. a. una a l. a. otra, haría aparecer una sonrisa irónica en los labios de cualquier Veblen o Voltaire. Creo que ya es hora de que ponga las manos en algo de oro, y me preparo para encontrarme con Richard Herrington, un mineralogista económico del Museo de Historia traditional de Londres y una autoridad en los angeles materia.

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