Los versos satánicos (Spanish Edition)

Los versos satánicos es l. a. novela más célebre, iconoclasta y polémica de Salman Rushdie.

Una referencia ineludible de l. a. literatura de nuestro tiempo.

Un avión secuestrado estalla a gran altura sobre el canal de los angeles Mancha. Dos supervivientes caen al mar: Gibrel Farishta, un legendario galán cinematográfico, y Saladin Chamcha, el hombre de las mil voces, autodidacta y anglófilo furibundo.

Consiguen llegar a una playa inglesa y notan unos extraños cambios: uno ha adquirido una aureola y el otro ve con horror cómo crece el vello de sus piernas, los pies se le convierten en cascos y las sienes se abultan...

Reseña:
«Una obra prodigiosa, brillante, deleitable.»
Nadine Gordimer

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Saleem, uninterested with all of the violence, religiosity, and strict kinfolk hierarchies of his Iraqi village, flees to Spain to set up a brand new lifestyles for himself. yet his lonely exile is became the wrong way up whilst he encounters his father, Noah, in a Madrid nightclub after now not seeing him in additional than a decade. Noah seems and acts like a brand new guy, and Saleem units out to find the secret of his father's presence in Spain and his altered existence.

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Mientras, a una altura del Himalaya, un sol prematuro y efímero estallaba en el aire cristalino de enero, un punto desaparecía de las pantallas de radar y el aire limpio se llenaba de cuerpos que descendían del Everest de l. a. catástrofe a los angeles lechosa palidez del mar. �Quién soy yo? �Hay alguien más por ahí? El avión se partió por los angeles mitad, como vaina que suelta las semillas, huevo que descubre su misterio. Dos actores, Gibreel, el de las volatinas, y el abotonado y circunspecto Mr. Saladin Chamcha, caían cual briznas de tabaco de un viejo cigarro roto. Encima, detrás, bajo ellos, planeaban en el vacío butacas reclinables, auriculares estéreo, carritos de bebidas, recipientes de los efectos del malestar provocado por los angeles locomoción, tarjetas de desembarco, juegos de vídeo exentos de tasas, gorras con galones, vasos de papel, mantas, máscaras de oxígeno… Y también –porque a bordo del aparato viajaban no pocos emigrantes, sí, un número huge de esposas que habían sido interrogadas, por razonables y concienzudos funcionarios, acerca de l. a. longitud y marcas distintivas de los genitales del marido, y un common contingente de niños sobre cuya legitimidad el gobierno británico había manifestado sus siempre razonables dudas–, mezclados con los restos del avión, igualmente fragmentados, igualmente absurdos, flotaban los desechos del alma, recuerdos rotos, yos arrinconados, lenguas maternas cercenadas, intimidades violadas, chistes intraducibles, futuros extinguidos, amores perdidos, el significado olvidado de palabras huecas y altisonantes, tierra, pertenencia, casa. Un poco aturdidos por el estallido, Gibreel y Saladin bajaban como fardos soltados por una cigüeña distraída de pico, y Chamcha, que caía cabeza abajo, en l. a. posición recomendada para el feto que va a entrar en el cuello del útero, empezó a sentir una sorda irritación ante l. a. resistencia del otro a caer con normalidad. Saladin descendía de narices mientras que Farishta abrazaba el aire, asiéndolo con brazos y piernas, con los ademanes del actor amanerado que desconoce las técnicas del contenimiento. Abajo, cubiertas de nubes, esperaban su entrada las corrientes lentas y glaciales de los angeles Manga inglesa, l. a. zona señalada para su reencarnación marina. �Oh, mis zapatos son japoneses –cantaba Gibreel, traduciendo al inglés l. a. letra de l. a. vieja canción, en semiinconsciente deferencia hacia l. a. nación anfitriona que se le venía en cara–, el pantalón, inglés, pues no faltaba más. En l. a. cabeza, un gorro ruso rojo; mas el corazón sigue siendo indio, a pesar de todo. » Las nubes hervían espumeando cada vez más cerca, y quizá fuera por aquella enorme confusión de cúmulos y comulonimbos, con sus tormentosas cúspides enhiestas como martillos a los angeles luz del amanecer, quizá fuera el dúo (cantando el uno y abucheando el otro) o quizá el delirio de los angeles explosión que les evitaba percatarse de lo inminente…, el caso es que los dos hombres, Gibreelsaladin Farischtachamcha, condenados a esta angelicodemoníaca caída sin fin pero efímera, no se dieron cuenta del momento en que empezaba el proceso de su transmutación.

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